domingo, 22 de mayo de 2016

LA DETERMINACIÓN SOCIAL DE LA SALUD COMO HERRAMIENTA DE RUPTURA HACIA LA NUEVA SALUD PÚBLICA (SALUD COLECTIVA) (EPIDEMIOLOGÍA CRÍTICA LATINOAMERICANA: RAÍCES, DESARROLLOS RECIENTES Y RUPTURA METODOLÓGICA)

LA DETERMINACIÓN SOCIAL DE LA SALUD COMO HERRAMIENTA DE RUPTURA HACIA LA NUEVA SALUD PÚBLICA (SALUD COLECTIVA) (EPIDEMIOLOGÍA CRÍTICA LATINOAMERICANA: RAÍCES, DESARROLLOS RECIENTES Y RUPTURA METODOLÓGICA)

Jaime Breilh

Un nuevo paradigma para la epidemiología en América Latina, desarrollado desde mediados de los años 70.  

Desde el inicio de nuestro trabajo en los 70, el eje teórico con el que hemos construido un proceso de ruptura con el paradigma de la vieja salud pública, basado en un nuevo contenido y articulación de la práctica, el desarrollo conceptual y metódico-instrumental de la epidemiología. 

En el empeño de esta investigación teórica sobre el desarrollo del pensamiento epidemiológico integrar el poder explicativo de una relectura -desde el realismo crítico- de dos vertientes epistemológicas encabezadas por Thomas Kuhn y Pierre Bourdieu.

 Kuhn rescata la visión dialéctica del pensamiento científico, su naturaleza social y transformabilidad, su carácter “revolucionario” por oposición de ideas innovadoras frente a los aspectos “normales”, abre puertas a una aproximación  socio-política de la determinación comunitaria de la ciencia, sus modelos e instrumentos  (Kuhn 1969/1975)

Y Bourdieu, por que analiza "…la teoría como un modus operandi que orienta y organiza prácticamente la práctica científica...(y las)…capacidades creadoras, activas, inventivas del habitus..." y el lado activo del conocimiento científico como “…el capital de un sujeto trascendente...de un agente en acción” (Bourdieu 1998).

La epidemiología es un terreno de lucha de ideas, de disputa sobre cómo enunciar la salud y cómo actuar, y esa disputa obedece a intereses sociales encontrados.

La epidemiología Es “…una expresión transformada, subordinada, transfigurada, y algunas veces irreconocible de las relaciones de poder de una sociedad” (Bourdieu 1998c)7, y en nuestro caso, dichas relaciones implican la imposición de un sistema de explotación social y de la naturaleza, que reproduce sociedades no sustentables, inequitativas y malsanas.

Cuando se hace epidemiología hay una politicidad implícita y un nexo evidente o tácito con intereses estratégicos de un sector social, no solo es un acto de transparencia ética, sino metodológica.
Constituye un elemento sensible de la evaluación de un proyecto social o de gobierno, por ser un recurso “diagnóstico” con el que se define la imagen sanitaria de la sociedad, con el que valoramos el éxito o fracaso de las políticas y, sobretodo, con el que construimos evidencias de los impactos generados por la producción y el vivir social.

El análisis de los paradigmas y modelos con los que ha trabajado la ciencia epidemiológica, se encuentra inevitablemente atravesado por las tensiones, impulsos y obstáculos que resultan de esas relaciones de la ciencia con el poder, de lo cual ha resultado una secuencia de confrontaciones en cada período histórico.

El pensamiento crítico latinoamericano en la mayoría de casos bebió de dos fuentes importantes del pensamiento crítico epidemiológico: enfatizan el papel de los sistemas político económicos como causas de condiciones sociales generadoras de enfermedad ("Illness"); produjeron análisis sobre el impacto de las condiciones político económicas en la salud que esencialmente crearon la perspectiva de la medicina social; y documentaron el impacto del capitalismo temprano, básicamente antes de la expansión del imperio…”

El paradigma de la epidemiología crítica latinoamericana de la era moderna se ha forjado primero en ruptura con el canon de la epidemiología clásica y su multicausalismo lineal, luego frente al modelo empírico-funcionalista de la epidemiología ecológica, y ahora, frente al de la epidemiología de los llamados “determinantes sociales de la salud”. El proceso está maduro como para sistematizarlo y resumir lo logrado hasta hoy.

Fue en América Latina, tanto como en el Norte, donde se incubaron las condiciones que dieron nacimiento a la epidemiología moderna crítica más avanzada. Y ya bajo el influjo social de los 70 se crearon las condiciones para que varios núcleos de la medicina social de nuestra región se enfocarán en la relación entre el orden social capitalista y la salud, escenario en que nos fue posible proponer y sistematizar el uso de la noción de determinación social de la salud en la epidemiología. 

Categoría expuesta por primera vez por el autor, en una tesis que plantea y desarrolla de manera directa, pormenorizada y ampliamente sistematizada una crítica del paradigma empírico-funcionalista de la epidemiología y propone la noción de determinación social de la salud como herramienta para trabajar la relación entre la reproducción social, los modos de vivir y de enfermar y morir (Breilh 1977)

El carácter crítico fue siempre asumir la incompatibilidad del  sistema social imperante y el modo de civilización que lo reproduce, frente a la construcción de modos de vivir saludables. La ciencia epidemiológica crítica no puede ser otra cosa que radicalmente emancipadora.

La noción de determinación social de la salud, como toda idea de ruptura, no es el producto aislado de elucubraciones personales sino la expresión del pensamiento crítico que se había apoderado del movimiento latinoamericano de medicina social (ahora mejor conocido como de salud colectiva); a cuyo origen convergieron las inquietudes de colectivos movilizados, el desarrollo de nuevos instrumentos de análisis y la presencia de un proyecto expreso de transformación del paradigma obsoleto de la vieja salud pública empírico-funcionalista de los años70

En los años iniciales era de vital importancia comenzar descifrando, de qué modo la filiación axiomática de la epidemiología causal con su empirismo cognitivo, su metodología positivista y su lógica cartesiana, se había constituido en obstáculo para penetrar la génesis de la salud.

Para el caso de la biología, la perspectiva cartesiana había penetrado en esos enfoques del análisis epidemiológico, reduciendo la realidad al sólo plano de los fenómenos; asumiendo las propiedades de las partes (individuos) como base del comportamiento del todo; y otorgando, de ese modo, prioridad interpretativa a los atributos individuales (la parte) sobre el todo (Levins & Lewontin 1985).

La epidemiología convencional cayó en una distorsión múltiple de la metodología:
a) una explicación apenas fenoménica, reduccionista y fragmentaria de la realidad y la determinación de la salud;
 b) la primacía absoluta de la asociación causa-efecto como gran organizadora y lógica del universo epidemiológico;
 c) la reificación de la relación causa-efecto como artefacto formal aplicado para identificar factores de riesgo;
d) la reducción de la noción de exposición / vulnerabilidad a un problema esencialmente individual de naturaleza probabilística; y
e) lo que es esencial a la hora de organizar la práctica epidemiológica, la reducción de ésta en acciones funcionales sobre factores de riesgo

Con esa epidemiología empírica, y a pesar de su robusto arsenal formal estadístico, no podíamos explicar la relación entre el sistema social,  los modos de vivir y la salud; no nos era posible entender tampoco la distribución por clases de las formas e intensidades de exposición humana a procesos peligrosos, ni la vulnerabilidad diferencial de los colectivos situados en inserciones sociales distintas. No había forma de comprender en profundidad el metabolismo sociedad-naturaleza y su impacto social. Y finalmente, con ese modelo, era imposible “conocer  la sociedad para transformarla” hacia una salud profunda, que fuera el pilar no sólo de una nueva salud pública, sino de la construcción de un nuevo modelo civilizatorio saludable. 

Establecer un cuestionamiento profundo de la epidemiología causal, de la epidemiología ecológica-empírica y de la salud pública hegemónica, para luego proponer una epidemiología crítica. La propuesta se basó en la “determinación social” como superación del causalismo, -en cuanto se refiere a la producción o génesis de la salud-; que aplicamos la noción de “reproducción social” (en las dimensiones general-particular-singular) como superación del empirismo aplanado;  que incorporamos la concepción dialéctica de la “relación social-natural-biológico”, como superación del ecologismo empírico; y finalmente, que empezamos a someter a un escrutinio crítico el uso empirista de las técnicas y la preeminencia de un enfoque cuantitativista del método.

Para enlazar producción y distribución de la salud y exponer su complejidad, propusimos la categoría “perfil epidemiológico”, que sintetiza los dos ejes de dicha complejidad: el dimensionamiento general, particular y singular, y la antítesis entre procesos saludables, protectores, perfeccionantes o soportes, versus procesos malsanos, peligrosos, deteriorantes o vulnerabilizadores de la salud.

Para avanzar hacia un paradigma crítico de la epidemiología, debíamos “entrelazar tres transformaciones complementarias e interdependientes: el replanteo de la salud como un objeto complejo, multidimensional…segundo, la innovación de lo conceptual y operaciones metodológicas y tercero, una transformación  de la epidemiología como campo de acción, con sus formas de incidencia y relaciones con las fuerzas sociales movilizadas todas tres sometidas a un proceso dialéctico de determinación socio histórica. 

La transformación objetiva, subjetiva y práctica se producen socio históricamente en relación con una matriz social determinante; no hay manera de comprenderlas separadamente.

En la epidemiología como en toda ciencia, el método es un movimiento que va del objeto al sujeto y viceversa, pero atravesado también por las ideas y la cultura. El método es una de las mediaciones simbólicas en el caso del conocimiento científico, y no es ni un movimiento exclusivamente inductivo reflejo (de objeto a sujeto), ni tampoco un movimiento exclusivamente deductivo (de sujeto a objeto). El método es un movimiento dialéctico.

El método empírico analítico (positivista) que aplica la epidemiología hegemónica es distorsionante, pues al acercarse a la realidad por mera senso-percepción (procedimiento empírico inductivo de observar fenómenos mensurables –variables- y juntarlos bajo un sistema formal, matemático o no, sólo alcanza a mirar unas partes o fragmentos de la realidad, tal y como ellas se registran en el acto de observar y  medir efectos en el plano de los fenómenos -efectos epidemiológicos observables-, sin penetrar en el plano de la determinación de los procesos, para lo cual se requiere un paradigma integrador e integral. Es decir, una operación para la que es indispensable un marco interpretativo del sujeto (categorías de un marco teórico) que, si bien son ideas, constituyen a su vez una expresión del mundo material y del trabajo de articulación lógica que posibilita la observación de dicha base material y la praxis.

No importa cuanto se sofistique el sistema causal sigue siendo lineal y reduccionista, pues ni la formación de una red de causas -como en el modelo de MacMahon 51 puede expresar la complejidad y el movimiento

Por otra parte la epidemiología empírico ecológica de sistemas (tríada) (i. e Leavell & Clark ya citados)  asume como orden el equilibrio de sistemas y subsistemas conectados, y la jerarquía está dada por las pulsiones de equilibrio y función

Pasamos luego a los modelos de la epidemiología causal de transición –aquí la noción de transición se refiere a la apertura a asumir las estructuras sociales como parte del objeto.

La obra de Mervin Susser (Susser 1973) es un paso firme inicial de esta línea; organiza el causalismo en una expresión más avanzada de sistemas y, como lo recogimos en nuestra crítica de 1977, lo plantea del siguiente modo:

“La evolución de los modelos causales en epidemiología nos ha llevado a la noción de sistema….los sistemas se relacionan mutuamente, contienen el uno al otro…. El universo tiene una existencia simultánea y cada nivel de organización está incluido en otro más complejo. Los átomos están contenidos por las moléculas, las moléculas por los cromosomas, los cromosomas por las células, y las células por los tejidos. Los órganos y sistemas fisiológicos están contenidos por los individuos y los individuos en los grupos sociales…Todos estos sistemas se hallan ligados.

El paradigma de la llamada epidemiología social propugnado por la Comisión Mundial de la OMS sobre “determinantes sociales de la salud” es otro causalismo de transición que explica también el orden bajo la noción causal.

No hay una sola cita de la amplia bibliografía latinoamericana sobre la teoría de la determinación social de la salud, la cual ya circulaba desde mucho antes en los espacios de la salud pública progresista, en revistas y libros que se consultaban en todos los países de nuestra región, e incluso en varias publicaciones de impacto del Norte.

Cuatro paradigmas que se destacan. Dos de éstos, el de Laurell y el nuestro, surgen de la tradición crítica del realismo crítico materialista del Siglo XIX, aun que ofreciendo sustanciales innovaciones.

 Los otros dos, la etno-epidemiología de Almeida Filho y la eco-epidemiología de Krieger, con sus valiosas contribuciones, si bien retoman elementos que ya presentamos desde nuestra corriente, se acercan más a un pensamiento crítico más próximo a la lógica de Habermas, y especificándose   a una etnografía critica en el primer caso, y en una ecología política con tesis emancipadoras de género, en el otro caso. Por lo pronto aquí cabe destacar algunos elementos originales de la epidemiología eco-social (Krieger 1994, 2001, 2011), recupera la importancia de trabajar la salud en sus múltiples dimensiones y de nuestra incorporación de la noción de metabolismo de sociedad y naturaleza.

En el paradigma lineal causal, que mira la realidad fragmentada en partes, el sujeto investigador o institucional enfoca y resuelve el control de riesgos o modificación de efectos en personas; lo hace desde una perspectiva de sujeto académico que se coloca por fuera de su sociedad y de la naturaleza
El paradigma lineal de las causas y factores de riesgo al asumir una concepción fraccionaria de la realidad y al asumir el sujeto como situado por fuera y aparte de la realidad social y la naturaleza es el caso perfecto de una práctica focalizada en dichos factores y graduada de acuerdo a la magnitud y frecuencia de las variables/indicadores que los expresan con sus efectos.

En el paradigma empírico ecológico el sujeto se enfoca en los sistemas ecológico-empíricos (“agente”, “huésped” y “ambiente”) que se interrelacionan externamente y por cuyo equilibrio debe trabajar. Es el sujeto académico que busca controlar los desajustes o desbordes de los sistemas epidemiológicos, no transformar los procesos que subyacen a las expresiones sistémicas, ni peor transformar la sociedad.

El paradigma ecológico empírico amplia el espectro de visión al ambiente pero convertido éste en un campo adicional de variables contextuales.

El paradigma de los determinantes sociales es la perspectiva del sujeto institucional, del funcionario que está enrolado en el poder público o en las agencias internacionales y que tiene como meta el logro de metas técnicas tipo metas del milenio (MDM) y mejorar una gobernanza, corrigiendo las distorsiones mayores (“estructurales”) que amenazan la legitimidad del orden social.
El modelo de los determinantes sociales coloca en el eje de la praxis la noción de gobernanza que se define como “gestión pública participativa y reticular…(y)…la puesta en práctica de estilos de gobernar en los que se han difuminado los límites entre los sectores público y privado”.

Complementariamente se dice que la gobernanza (Rhodes 1996) “alude a un nuevo estilo de gobierno, distinto del modelo de control jerárquico, pero también del mercado, caracterizado por un mayor grado de interacción y de cooperación entre el Estado y los actores no estatales en el interior de redes decisionales mixtas entre lo público y lo privado”

Es igualmente saludable la apertura hacia una gestión en salud participativa y “reticular”, así como la tesis de que hay que difuminar los límites entre los sectores públicos y privados como vía para eliminar el autoritarismo oficial.

Los años de trabajo nos han enseñado que, en contextos determinados por grandes asimetrías en las relaciones de poder, las buenas intenciones y conceptos como estos terminan convertidos en armas de hegemonía, pues quién define a dónde nos lleva el que se difuminen los límites entre lo público y lo privado o la participación; no son definitivamente las buenas intenciones de actores técnicos quienes lo hacen, sino las fuerzas mayores que subyacen en la política.

El paradigma de la determinación social se sitúa  en el espectro político más cercano a la interfase del materialismo crítico, la economía política y la ecología política en su diálogo con una versión crítica de las ciencias de la salud, el ambiente y la sociedad. Por consiguiente, se propone descifrar el movimiento de la vida, de su metabolismo histórico en la naturaleza, de los modos de vivir típicos (económicos, políticos, culturales) y finalmente del movimiento de los geno-fenotipos humanos, en el marco del movimiento de la materialidad social cuyo eje es la acumulación de capital –nombre que toma en nuestras sociedades la reproducción social.

El núcleo interpretativo de este paradigma es la unidad y diversidad social, ambiental y sanitaria que surgen en medio de la reproducción social

Es un paradigma que busca acompañar el esfuerzo histórico de los pueblos por derrotar y desmontar el sistema actual de acelerada acumulación de capital, exclusión social y destrucción de la naturaleza, con su modo civilizatorio consumista, contaminante y derrochador. En esa medida es un paradigma que se piensa y avanza en trance de transformación integral de la sociedad capitalista no sólo para conseguir metas puntuales –convencionalmente medidas en indicadores de “buen vivir” como los de ingreso, educativos, y sanitarios- sino para emancipar a la sociedad y conseguir la vigencia plena de los 4 rubros de la vida: sustentabilidad; soberanía; solidaridad y salud/bioseguridad integral.

Como dice Samaja- creada por las clases, pueblos y comunidades afectadas por dicha forma de reproducción en su afán por construir un nuevo modelo civilizatorio que implique un metabolismo sociedad naturaleza protector y promotor de la vida.

Desde el paradigma de los determinantes sociales se da una nueva apertura al campo entrenado con límite en el terreno de las causas de las causas, ero sólo hasta el punto que lo requiere y posibilita la filosofía institucional y la lógica de la mejora en la gobernanza, la estabilidad y la democratización de la gestión de las instituciones del poder público y privado.

El paradigma etno-social corresponde a una identidad crítica académica; no se plantea el metabolismo S-N como parte de la determinación; enfatiza en el poder explicativo de los modos de vida y una etnografía conectada a la reproducción social movimiento de la cultura del vivir socialmente determinado; destaca la noción probabilística de riesgo en el esquema explicativo; y asume de ese modo como criterio la transformación del patrón de inequidad y de los riesgos. En su formulación a lo largo de varios años, su principal propulsor Naomar Almeida ha ofrecido a la epidemiología latinoamericana contribuciones fundamentales que las hemos asimilado con beneficio de inventario.

El paradigma eco-social nace de una perspectiva del ecologismo crítico, motivada por la lucha de grupos sociales que trabajan por la equidad social, de género y etno-cultural; eso define una identidad necesariamente interdisciplinaria e intercultural y un posicionamiento crítico que busca construir demandas para la rendición de cuentas y responsabilidad del poder.

El paradigma eco-social otorga centralidad a la lucha contra la inequidad y busca construir una mejor abogacía y rendición de cuentas a favor de los grupos sometidos a inequidad; trabaja específicamente en las que su autora denomina “rutas de encarnación” de los efectos de lo social en las personas y su biología.

El paradigma de la epidemiología crítica sustenta que, sólo en ese marco es posible liberar la economía de su lógica para rescatar el profundo valor de uso de las cosas; liberar la política de su papel de dominación y hegemonía para construir una auténtica y autárquica conducción público-social; liberar la cultura de su papel alienante que distorsiona no sólo la educación y expresiones espirituales como el  arte, sino aun recursos de la espiritualidad popular como la religión; y finamente liberar al ser humano de ese destructivo antropocentrismo, que le hizo colocar a la madre naturaleza como instrumento poseído en lugar de ser la matriz de la vida.

La epidemiología crítica contiene por tanto una vocación expresa de derrotar la civilización  actual para construir la salud, no remozarla ni pretender tornarla saludable.

La epidemiología es pragmáticamente utópica; para serlo tiene que ser teórica y aplicada, tiene que ser cuantitativa y cualitativa; tiene que ser académica y popular; tiene que ser filosófica, económico política, sociológica, antropológica, histórico geográfica y ecológica; tiene que ser brazo de ruptura y no de gobernanza de la salud pública. 

El campo de esta epidemiología crítica es sólo parcialmente académico; asume que ni siquiera en los tópicos o problemas más especializados debe incurrirse en el error de pensar que la academia es la única voz cantante, como tampoco puede pensarse que sin un riguroso bagaje científico podemos enfrentar los desafíos de la crítica, defensa y proposición sanitarias (Breilh 2012).

 Papel en las universidades, las cinco tareas nodales de la universidad crítica: 1) impulso del conocimiento y la investigación crítica; 2) desarrollo de instrumentos técnicos para la operación de cambios hacia la vida saludable; 3) avance de herramientas para el control social, veeduría y rendición de cuentas de los responsables de las políticas y la gestión; 4) consolidación de mecanismos de construcción intercultural e interdisciplinaria de la investigación

El desafío principal que enfrentamos al encontrarnos con las ideas y método obsoletos de la epidemiología lineal, era sustraer a nuestra disciplina  del reduccionismo causal-lineal, pero por otro, hacerlo sin caer en el determinismo mecánico de la totalidad social, pues en medio del anhelo de ampliar el espectro del análisis podría habérsenos dado la tentación de explicar mecánica y no dialécticamente la determinación social. En otros términos la idea era no confundir determinación con determinismo, (Breilh 2003). 

El reto interpretativo era sustituir el pensamiento lineal por el pensamiento complejo, pero eso iba de la mano con un reto filosófico y la de praxis. En ese punto era necesario superar una noción enclavada en el  pensamiento moderno de los años 70 y 80 de que era inevitable organizar la vida social alrededor de la valorización del valor y juzgar las cosas por su valor de cambio, una herencia ideológico cultural muy fuerte, que de hecho se filtraba en la lógica de la vieja salud pública.

El  paradigma de la epidemiología crítica trabaja, en la construcción popular-académica de una sociedad centrada en la vida, la equidad y la plena bioseguridad (socio-biocéntrica), mediante una investigación intercultural, basada en la comunidad e interdisciplinaria, que busca alimentar un proceso de reforma crítica, cuyo eje estratégico es el apoyo desde la ciencia epidemiológica a la defensa de los derechos; una investigación y monitoreo enfocados en los procesos críticos de la salud, y proyectados hacia el horizonte de una nueva civilización que pueda ser saludable y biosegura, produciendo conocimientos críticos, instrumentos técnicos y herramientas para la rendición de cuentas y control social sobre los grandes dominios de la determinación social general que se expresan en  las 4 "S" de la vida (civilización sustentable, soberana, solidaria, saludable/biosegura).

En el marco de este paradigma, se asume como meta fundamental e irrenunciable de la lucha sanitaria la denuncia y proposición de alternativas frente a la acumulación de capital como principio rector, de los sistemas laborales que destruyen masivamente la salud en los espacios de trabajo, de los patrones consumistas que degradan los modos de vivir,  y para lograr el control y un giro total de la lógica extractivista y derrochadora de la industria que degrada también el S-N.

Se han dado cinco grandes enfoques que van desde el extremo de un determinismo del libre albedrío individual,  hasta el extremo inverso del control social absoluto externo.

El paradigma del orden individual (liberalismo) esgrime que los cambios provienen de individuos movilizados por su libre albedrío que se agrupan y finalmente provocan cambios que se expresan en lo colectivo. Desde esta perspectiva la ciencia debe reconocer las características de los individuos, con ellas actuar desde y sobre los individuos; y de ese modo cosechar efectos secundarios positivos en la sociedad. Aquí lo social permanece “invisible”.

En el extremo inverso aparece el paradigma determinista colectivo (social mecánico), para el cual el orden social está determinado desde las instancias colectivas de las organizaciones, operando sobre el dominio general, provocando de ese modo efectos en los grupos y finalmente cosechando efectos en los individuos. 

De ahí la necesidad de asumir una lógica dialéctica que mantenga con vida los dos polos del movimiento de determinación (individual y colectivo) pero entendiendo el papel de cada uno. Un movimiento que Samaja describió acertadamente y que deja con vida los dos polos del orden: un proceso de generación de cambio que va de lo micro (individuo, más simple) hacia lo macro (social, más complejo); al que se opone dialécticamente un proceso de reproducción de las condiciones generales de la sociedad.

La determinación social va en ese doble y opuesto movimiento, donde juegan un papel importante para el cambio tanto la resiliencia y movilización individual que busca generar nuevas condiciones y  se expande hasta adquirir una fuerza material colectiva; así como la resiliencia de las formas sociales generales (lógica de acumulación, poder  político y cultura) que tienden a reproducir su esencia.

La salud no obedece a un orden exclusivamente individual, sino que es un proceso complejo, socialmente determinado, aspecto que muchas veces desaparece del pensamiento en la salud pública, debido al predominio de una visión biomédica, se reduce la problemática al estrecho límite de los trastornos o malestares individuales, su curación y la prevención individual. 

La determinación social “va y viene  dialécticamente entre las dimensiones general, particular y singular: se reproduce de lo general a lo particular, y se genera de lo particular a lo general; el sistema ejerce su resiliencia para mantener el modo de reproducción social, el orden general, su lógica económica, política, cultural y su forma de relacionarse con la naturaleza; las explicaciones sobre las 4 “s” o condiciones de la vida – sustentabilidad, soberanía, solidaridad y salud/bioseguridad
Interesa destacar el hecho de que es imposible una política en epidemiología y salud colectiva que no reconozca que aquellas son elementos inherentes a una prevención y promoción integrales de la salud, así como también que éstos  pueden ser conceptos susceptibles de una manipulación funcionalista.

 Entonces, la primera “S” plantea la sustentabilidad. más alta productividad biológica en lugar de apuntar a una transformación de los territorios para que sustenten patrones de vida dignos, creativos, soberanos, solidarios, de relaciones armoniosas con la naturaleza y bioseguros. La clave es girar la producción y la lógica de nuestra civilización de la visión productivista, centrada en la producción de objetos-mercancía,  a una lógica de real no retórica preeminencia de la vida, ante lo cual el centro es la producción de un sujeto social feliz y saludable y la reproducción de la vida.

Soberanía (segunda “s”), no para lograr gobernanza en alimentos, sino para alcanzar un gobierno soberano en lo agrario, que nos permita ser autárquicos, autosuficientes y manejar nuestras propias decisiones y políticas alimentarias.

La tercera “s” es un pre-requisito fundamental para un vivir saludable, lo cual no sólo implica seguridad de acceso básico a servicios y bienes de consumo, etc. abarca todas las dimensiones de una real equidad y autarquía en un consumo razonable, implica la justica cultural y de género, implica también al pleno a los soportes comunitarios y gremiales, etc. 

La cuarta condición de una vida saludable y de una salud pública que pueda legítimamente reconocerse como salud colectiva,  la cual dista mucho de aquella imagen de la planeación funcionalista que se establece mediante indicadores como los de las metas del milenio (MDM). Vida en salud que implica una bioseguridad integral en todos los cincos espacios que describimos en una sección anterior

La determinación social, como una herramienta para innovar la gestión, estamos en condiciones de esclarecer cuáles son los fundamentos de una nueva ética de la salud. No una bioética, sino una ética integral de la salud que implica la bioética.

La epidemiología crítica es el conjunto de condiciones, ideas y prácticas/organizaciones que conforman un movimiento, social e históricamente determinado, que llevan a efecto los seres humanos, sea como grupos cohesionados alrededor de los intereses estratégicos de su inserción estructural, filiación cultural y de género, o sea en su condición individual junto con su núcleo familiar, para desentrañar las raíces socio-ambientales de los problemas de salud que genera y reproduce la acumulación, para pensar sobre éstas con un sentido critico y para actuar en una línea de emancipación respecto a los procesos malsanos que provoca en los órdenes general, particular y singular, en líneas de acción que signifiquen al mismo tiempo una ruptura hacia una sociedad sustentable, soberana, solidaria y saludable/biosegura en todos sus espacios, que hagan posible la preeminencia de procesos protectores y soportes, colectivos, familiares e individuales, que posibiliten el predominio de formas fisiológicas y psíquicas que sustenten una buena calidad de vida biológica y psíquica, posibilitando una mayor longevidad, capacidad de asimilación de noxas, potencialidad para la plena actividad física en todas las edades, disfrute del placer y la espiritualidad.

Es lamentable que la inercia de la reforma neoliberal de décadas anteriores y la persistencia de la cultura de la modernidad empresarial hayan provocado un debilitamiento del pensamiento crítico en las universidades a muchas de las cuales les han secuestrado el alma para tornarlas propagadoras de una formación funcional y oportunista, donde la mayor paradoja es, que disponemos del mayor acceso a la información que conoce la historia de la humanidad pero proporcionalmente conocemos muchos menos que antes.


Resultado de imagen para determinacion  social




Resumén: Doctorante Mayra López

No hay comentarios.:

Publicar un comentario