LA DETERMINACIÓN SOCIAL DE LA SALUD COMO HERRAMIENTA DE RUPTURA HACIA
LA NUEVA SALUD PÚBLICA (SALUD COLECTIVA) (EPIDEMIOLOGÍA CRÍTICA
LATINOAMERICANA: RAÍCES, DESARROLLOS RECIENTES Y RUPTURA METODOLÓGICA)
Jaime Breilh
Un nuevo paradigma para la epidemiología
en América Latina, desarrollado desde mediados de los años 70.
Desde el inicio de nuestro
trabajo en los 70, el eje teórico con el que hemos construido un proceso de
ruptura con el paradigma de la vieja salud pública, basado en un nuevo contenido
y articulación de la práctica, el desarrollo conceptual y metódico-instrumental
de la epidemiología.
En el empeño de esta
investigación teórica sobre el desarrollo del pensamiento epidemiológico
integrar el poder explicativo de una relectura -desde el realismo crítico- de
dos vertientes epistemológicas encabezadas por Thomas Kuhn y Pierre Bourdieu.
Kuhn rescata la visión dialéctica del
pensamiento científico, su naturaleza social y transformabilidad, su carácter
“revolucionario” por oposición de ideas innovadoras frente a los aspectos
“normales”, abre puertas a una aproximación
socio-política de la determinación comunitaria de la ciencia, sus
modelos e instrumentos (Kuhn 1969/1975)
Y Bourdieu, por que analiza
"…la teoría como un modus operandi que orienta y organiza prácticamente la
práctica científica...(y las)…capacidades creadoras, activas, inventivas del
habitus..." y el lado activo del conocimiento científico como “…el capital
de un sujeto trascendente...de un agente en acción” (Bourdieu 1998).
La epidemiología es un terreno de
lucha de ideas, de disputa sobre cómo enunciar la salud y cómo actuar, y esa
disputa obedece a intereses sociales encontrados.
La epidemiología Es “…una
expresión transformada, subordinada, transfigurada, y algunas veces
irreconocible de las relaciones de poder de una sociedad” (Bourdieu 1998c)7, y
en nuestro caso, dichas relaciones implican la imposición de un sistema de
explotación social y de la naturaleza, que reproduce sociedades no
sustentables, inequitativas y malsanas.
Constituye un elemento sensible
de la evaluación de un proyecto social o de gobierno, por ser un recurso
“diagnóstico” con el que se define la imagen sanitaria de la sociedad, con el
que valoramos el éxito o fracaso de las políticas y, sobretodo, con el que
construimos evidencias de los impactos generados por la producción y el vivir
social.
El análisis de los paradigmas y modelos con los que ha
trabajado la ciencia epidemiológica, se encuentra inevitablemente atravesado
por las tensiones, impulsos y obstáculos que resultan de esas relaciones de la
ciencia con el poder, de lo cual ha resultado una secuencia de confrontaciones
en cada período histórico.
El pensamiento crítico
latinoamericano en la mayoría de casos bebió de dos fuentes importantes del
pensamiento crítico epidemiológico: enfatizan el papel de los sistemas político
económicos como causas de condiciones sociales generadoras de enfermedad
("Illness"); produjeron análisis sobre el impacto de las condiciones político
económicas en la salud que esencialmente crearon la perspectiva de la medicina
social; y documentaron el impacto del capitalismo temprano, básicamente antes
de la expansión del imperio…”
El paradigma de la epidemiología
crítica latinoamericana de la era moderna se ha forjado primero en ruptura con
el canon de la epidemiología clásica y su multicausalismo lineal, luego frente
al modelo empírico-funcionalista de la epidemiología ecológica, y ahora, frente
al de la epidemiología de los llamados “determinantes sociales de la salud”. El
proceso está maduro como para sistematizarlo y resumir lo logrado hasta hoy.
Fue en América Latina, tanto como
en el Norte, donde se incubaron las condiciones que dieron nacimiento a la
epidemiología moderna crítica más avanzada. Y ya bajo el influjo social de los
70 se crearon las condiciones para que varios núcleos de la medicina social de
nuestra región se enfocarán en la relación entre el orden social capitalista y
la salud, escenario en que nos fue posible proponer y sistematizar el uso de la
noción de determinación social de la salud en la epidemiología.
Categoría expuesta por primera
vez por el autor, en una tesis que plantea y desarrolla de manera directa,
pormenorizada y ampliamente sistematizada una crítica del paradigma
empírico-funcionalista de la epidemiología y propone la noción de determinación
social de la salud como herramienta para trabajar la relación entre la
reproducción social, los modos de vivir y de enfermar y morir (Breilh 1977)
El carácter crítico fue siempre
asumir la incompatibilidad del sistema
social imperante y el modo de civilización que lo reproduce, frente a la
construcción de modos de vivir saludables. La ciencia epidemiológica crítica no
puede ser otra cosa que radicalmente emancipadora.
La noción de determinación social
de la salud, como toda idea de ruptura, no es el producto aislado de
elucubraciones personales sino la expresión del pensamiento crítico que se
había apoderado del movimiento latinoamericano de medicina social (ahora mejor
conocido como de salud colectiva); a cuyo origen convergieron las inquietudes
de colectivos movilizados, el desarrollo de nuevos instrumentos de análisis y
la presencia de un proyecto expreso de transformación del paradigma obsoleto de
la vieja salud pública empírico-funcionalista de los años70
En los años iniciales era de
vital importancia comenzar descifrando, de qué modo la filiación axiomática de
la epidemiología causal con su empirismo cognitivo, su metodología positivista
y su lógica cartesiana, se había constituido en obstáculo para penetrar la
génesis de la salud.
La epidemiología convencional
cayó en una distorsión múltiple de la metodología:
a) una explicación apenas
fenoménica, reduccionista y fragmentaria de la realidad y la determinación de
la salud;
b) la primacía absoluta de la asociación
causa-efecto como gran organizadora y lógica del universo epidemiológico;
c) la reificación de la relación causa-efecto
como artefacto formal aplicado para identificar factores de riesgo;
d) la reducción de la noción de
exposición / vulnerabilidad a un problema esencialmente individual de
naturaleza probabilística; y
e) lo que es esencial a la hora
de organizar la práctica epidemiológica, la reducción de ésta en acciones
funcionales sobre factores de riesgo
Con esa epidemiología empírica, y
a pesar de su robusto arsenal formal estadístico, no podíamos explicar la
relación entre el sistema social, los
modos de vivir y la salud; no nos era posible entender tampoco la distribución
por clases de las formas e intensidades de exposición humana a procesos
peligrosos, ni la vulnerabilidad diferencial de los colectivos situados en inserciones
sociales distintas. No había forma de comprender en profundidad el metabolismo
sociedad-naturaleza y su impacto social. Y finalmente, con ese modelo, era
imposible “conocer la sociedad para
transformarla” hacia una salud profunda, que fuera el pilar no sólo de una
nueva salud pública, sino de la construcción de un nuevo modelo civilizatorio
saludable.
Establecer un cuestionamiento
profundo de la epidemiología causal, de la epidemiología ecológica-empírica y
de la salud pública hegemónica, para luego proponer una epidemiología crítica.
La propuesta se basó en la “determinación social” como superación del
causalismo, -en cuanto se refiere a la producción o génesis de la salud-; que
aplicamos la noción de “reproducción social” (en las dimensiones general-particular-singular)
como superación del empirismo aplanado;
que incorporamos la concepción dialéctica de la “relación
social-natural-biológico”, como superación del ecologismo empírico; y
finalmente, que empezamos a someter a un escrutinio crítico el uso empirista de
las técnicas y la preeminencia de un enfoque cuantitativista del método.
Para enlazar producción y
distribución de la salud y exponer su complejidad, propusimos la categoría
“perfil epidemiológico”, que sintetiza los dos ejes de dicha complejidad: el
dimensionamiento general, particular y singular, y la antítesis entre procesos
saludables, protectores, perfeccionantes o soportes, versus procesos malsanos,
peligrosos, deteriorantes o vulnerabilizadores de la salud.
Para avanzar hacia un paradigma
crítico de la epidemiología, debíamos “entrelazar tres transformaciones
complementarias e interdependientes: el replanteo de la salud como un objeto
complejo, multidimensional…segundo, la innovación de lo conceptual y operaciones
metodológicas y tercero, una transformación
de la epidemiología como campo de acción, con sus formas de incidencia y
relaciones con las fuerzas sociales movilizadas todas tres sometidas a un
proceso dialéctico de determinación socio histórica.
La transformación objetiva,
subjetiva y práctica se producen socio históricamente en relación con una
matriz social determinante; no hay manera de comprenderlas separadamente.
En la epidemiología como en toda
ciencia, el método es un movimiento que va del objeto al sujeto y viceversa,
pero atravesado también por las ideas y la cultura. El método es una de las
mediaciones simbólicas en el caso del conocimiento científico, y no es ni un
movimiento exclusivamente inductivo reflejo (de objeto a sujeto), ni tampoco un
movimiento exclusivamente deductivo (de sujeto a objeto). El método es un
movimiento dialéctico.
El método empírico analítico
(positivista) que aplica la epidemiología hegemónica es distorsionante, pues al
acercarse a la realidad por mera senso-percepción (procedimiento empírico
inductivo de observar fenómenos mensurables –variables- y juntarlos bajo un sistema
formal, matemático o no, sólo alcanza a mirar unas partes o fragmentos de la
realidad, tal y como ellas se registran en el acto de observar y medir efectos en el plano de los fenómenos
-efectos epidemiológicos observables-, sin penetrar en el plano de la
determinación de los procesos, para lo cual se requiere un paradigma integrador
e integral. Es decir, una operación para la que es indispensable un marco
interpretativo del sujeto (categorías de un marco teórico) que, si bien son
ideas, constituyen a su vez una expresión del mundo material y del trabajo de
articulación lógica que posibilita la observación de dicha base material y la
praxis.
No importa cuanto se sofistique
el sistema causal sigue siendo lineal y reduccionista, pues ni la formación de
una red de causas -como en el modelo de MacMahon 51 puede expresar la
complejidad y el movimiento
Por otra parte la epidemiología
empírico ecológica de sistemas (tríada) (i. e Leavell & Clark ya
citados) asume como orden el equilibrio
de sistemas y subsistemas conectados, y la jerarquía está dada por las
pulsiones de equilibrio y función
Pasamos luego a los modelos de la
epidemiología causal de transición –aquí la noción de transición se refiere a
la apertura a asumir las estructuras sociales como parte del objeto.
La obra de Mervin Susser (Susser
1973) es un paso firme inicial de esta línea; organiza el causalismo en una
expresión más avanzada de sistemas y, como lo recogimos en nuestra crítica de
1977, lo plantea del siguiente modo:
“La evolución de los modelos
causales en epidemiología nos ha llevado a la noción de sistema….los sistemas
se relacionan mutuamente, contienen el uno al otro…. El universo tiene una
existencia simultánea y cada nivel de organización está incluido en otro más
complejo. Los átomos están contenidos por las moléculas, las moléculas por los
cromosomas, los cromosomas por las células, y las células por los tejidos. Los
órganos y sistemas fisiológicos están contenidos por los individuos y los
individuos en los grupos sociales…Todos estos sistemas se hallan ligados.
El paradigma de la llamada
epidemiología social propugnado por la Comisión Mundial de la OMS sobre
“determinantes sociales de la salud” es otro causalismo de transición que
explica también el orden bajo la noción causal.
No hay una sola cita de la amplia
bibliografía latinoamericana sobre la teoría de la determinación social de la
salud, la cual ya circulaba desde mucho antes en los espacios de la salud
pública progresista, en revistas y libros que se consultaban en todos los
países de nuestra región, e incluso en varias publicaciones de impacto del
Norte.
Cuatro paradigmas que se
destacan. Dos de éstos, el de Laurell y el nuestro, surgen de la tradición
crítica del realismo crítico materialista del Siglo XIX, aun que ofreciendo
sustanciales innovaciones.
Los otros dos, la etno-epidemiología de Almeida
Filho y la eco-epidemiología de Krieger, con sus valiosas contribuciones, si
bien retoman elementos que ya presentamos desde nuestra corriente, se acercan
más a un pensamiento crítico más próximo a la lógica de Habermas, y
especificándose a una etnografía
critica en el primer caso, y en una ecología política con tesis emancipadoras
de género, en el otro caso. Por lo pronto aquí cabe destacar algunos elementos
originales de la epidemiología eco-social (Krieger 1994, 2001, 2011), recupera
la importancia de trabajar la salud en sus múltiples dimensiones y de nuestra
incorporación de la noción de metabolismo de sociedad y naturaleza.
En el paradigma lineal causal, que mira la realidad fragmentada en
partes, el sujeto investigador o institucional enfoca y resuelve el control de
riesgos o modificación de efectos en personas; lo hace desde una perspectiva de
sujeto académico que se coloca por fuera de su sociedad y de la naturaleza
El paradigma lineal de las causas
y factores de riesgo al asumir una concepción fraccionaria de la realidad y al
asumir el sujeto como situado por fuera y aparte de la realidad social y la
naturaleza es el caso perfecto de una práctica focalizada en dichos factores y
graduada de acuerdo a la magnitud y frecuencia de las variables/indicadores que
los expresan con sus efectos.
En el paradigma empírico ecológico el sujeto se enfoca en los sistemas
ecológico-empíricos (“agente”, “huésped” y “ambiente”) que se interrelacionan
externamente y por cuyo equilibrio debe trabajar. Es el sujeto académico que
busca controlar los desajustes o desbordes de los sistemas epidemiológicos, no
transformar los procesos que subyacen a las expresiones sistémicas, ni peor
transformar la sociedad.
El paradigma ecológico empírico
amplia el espectro de visión al ambiente pero convertido éste en un campo
adicional de variables contextuales.
El paradigma de los determinantes sociales es la perspectiva del
sujeto institucional, del funcionario que está enrolado en el poder público o
en las agencias internacionales y que tiene como meta el logro de metas
técnicas tipo metas del milenio (MDM) y mejorar una gobernanza, corrigiendo las
distorsiones mayores (“estructurales”) que amenazan la legitimidad del orden
social.
El modelo de los determinantes
sociales coloca en el eje de la praxis la noción de gobernanza que se define
como “gestión pública participativa y reticular…(y)…la puesta en práctica de
estilos de gobernar en los que se han difuminado los límites entre los sectores
público y privado”.
Complementariamente se dice que
la gobernanza (Rhodes 1996) “alude a un nuevo estilo de gobierno, distinto del
modelo de control jerárquico, pero también del mercado, caracterizado por un
mayor grado de interacción y de cooperación entre el Estado y los actores no
estatales en el interior de redes decisionales mixtas entre lo público y lo
privado”
Es igualmente saludable la apertura
hacia una gestión en salud participativa y “reticular”, así como la tesis de
que hay que difuminar los límites entre los sectores públicos y privados como
vía para eliminar el autoritarismo oficial.
Los años de trabajo nos han
enseñado que, en contextos determinados por grandes asimetrías en las
relaciones de poder, las buenas intenciones y conceptos como estos terminan
convertidos en armas de hegemonía, pues quién define a dónde nos lleva el que
se difuminen los límites entre lo público y lo privado o la participación; no
son definitivamente las buenas intenciones de actores técnicos quienes lo
hacen, sino las fuerzas mayores que subyacen en la política.
El paradigma de la determinación social se sitúa en el espectro político más cercano a la interfase
del materialismo crítico, la economía política y la ecología política en su
diálogo con una versión crítica de las ciencias de la salud, el ambiente y la
sociedad. Por consiguiente, se propone descifrar el movimiento de la vida, de
su metabolismo histórico en la naturaleza, de los modos de vivir típicos
(económicos, políticos, culturales) y finalmente del movimiento de los
geno-fenotipos humanos, en el marco del movimiento de la materialidad social
cuyo eje es la acumulación de capital –nombre que toma en nuestras sociedades
la reproducción social.
El núcleo interpretativo de este
paradigma es la unidad y diversidad social, ambiental y sanitaria que surgen en
medio de la reproducción social
Como dice Samaja- creada por las
clases, pueblos y comunidades afectadas por dicha forma de reproducción en su
afán por construir un nuevo modelo civilizatorio que implique un metabolismo
sociedad naturaleza protector y promotor de la vida.
Desde el paradigma de los
determinantes sociales se da una nueva apertura al campo entrenado con límite
en el terreno de las causas de las causas, ero sólo hasta el punto que lo
requiere y posibilita la filosofía institucional y la lógica de la mejora en la
gobernanza, la estabilidad y la democratización de la gestión de las
instituciones del poder público y privado.
El paradigma etno-social corresponde a una identidad crítica
académica; no se plantea el metabolismo S-N como parte de la determinación;
enfatiza en el poder explicativo de los modos de vida y una etnografía
conectada a la reproducción social movimiento de la cultura del vivir
socialmente determinado; destaca la noción probabilística de riesgo en el
esquema explicativo; y asume de ese modo como criterio la transformación del
patrón de inequidad y de los riesgos. En su formulación a lo largo de varios
años, su principal propulsor Naomar Almeida ha ofrecido a la epidemiología
latinoamericana contribuciones fundamentales que las hemos asimilado con
beneficio de inventario.
El paradigma eco-social nace de una perspectiva del ecologismo
crítico, motivada por la lucha de grupos sociales que trabajan por la equidad
social, de género y etno-cultural; eso define una identidad necesariamente
interdisciplinaria e intercultural y un posicionamiento crítico que busca
construir demandas para la rendición de cuentas y responsabilidad del poder.
El paradigma eco-social otorga
centralidad a la lucha contra la inequidad y busca construir una mejor abogacía
y rendición de cuentas a favor de los grupos sometidos a inequidad; trabaja
específicamente en las que su autora denomina “rutas de encarnación” de los
efectos de lo social en las personas y su biología.
El paradigma de la epidemiología crítica sustenta que, sólo en ese
marco es posible liberar la economía de su lógica para rescatar el profundo
valor de uso de las cosas; liberar la política de su papel de dominación y
hegemonía para construir una auténtica y autárquica conducción público-social;
liberar la cultura de su papel alienante que distorsiona no sólo la educación y
expresiones espirituales como el arte,
sino aun recursos de la espiritualidad popular como la religión; y finamente
liberar al ser humano de ese destructivo antropocentrismo, que le hizo colocar
a la madre naturaleza como instrumento poseído en lugar de ser la matriz de la
vida.
La epidemiología crítica contiene
por tanto una vocación expresa de derrotar la civilización actual para construir la salud, no remozarla
ni pretender tornarla saludable.
La epidemiología es
pragmáticamente utópica; para serlo tiene que ser teórica y aplicada, tiene que
ser cuantitativa y cualitativa; tiene que ser académica y popular; tiene que
ser filosófica, económico política, sociológica, antropológica, histórico
geográfica y ecológica; tiene que ser brazo de ruptura y no de gobernanza de la
salud pública.
El campo de esta epidemiología
crítica es sólo parcialmente académico; asume que ni siquiera en los tópicos o
problemas más especializados debe incurrirse en el error de pensar que la
academia es la única voz cantante, como tampoco puede pensarse que sin un
riguroso bagaje científico podemos enfrentar los desafíos de la crítica,
defensa y proposición sanitarias (Breilh 2012).
Papel en las universidades, las cinco tareas
nodales de la universidad crítica: 1) impulso del conocimiento y la investigación
crítica; 2) desarrollo de instrumentos técnicos para la operación de cambios
hacia la vida saludable; 3) avance de herramientas para el control social,
veeduría y rendición de cuentas de los responsables de las políticas y la
gestión; 4) consolidación de mecanismos de construcción intercultural e
interdisciplinaria de la investigación
El desafío principal que
enfrentamos al encontrarnos con las ideas y método obsoletos de la
epidemiología lineal, era sustraer a nuestra disciplina del reduccionismo causal-lineal, pero por
otro, hacerlo sin caer en el determinismo mecánico de la totalidad social, pues
en medio del anhelo de ampliar el espectro del análisis podría habérsenos dado
la tentación de explicar mecánica y no dialécticamente la determinación social.
En otros términos la idea era no confundir determinación con determinismo, (Breilh
2003).
El reto interpretativo era
sustituir el pensamiento lineal por el pensamiento complejo, pero eso iba de la
mano con un reto filosófico y la de praxis. En ese punto era necesario superar
una noción enclavada en el pensamiento
moderno de los años 70 y 80 de que era inevitable organizar la vida social
alrededor de la valorización del valor y juzgar las cosas por su valor de cambio,
una herencia ideológico cultural muy fuerte, que de hecho se filtraba en la
lógica de la vieja salud pública.
El paradigma de la epidemiología crítica
trabaja, en la construcción popular-académica de una sociedad centrada en la
vida, la equidad y la plena bioseguridad (socio-biocéntrica), mediante una
investigación intercultural, basada en la comunidad e interdisciplinaria, que
busca alimentar un proceso de reforma crítica, cuyo eje estratégico es el apoyo
desde la ciencia epidemiológica a la defensa de los derechos; una investigación
y monitoreo enfocados en los procesos críticos de la salud, y proyectados hacia
el horizonte de una nueva civilización que pueda ser saludable y biosegura,
produciendo conocimientos críticos, instrumentos técnicos y herramientas para
la rendición de cuentas y control social sobre los grandes dominios de la
determinación social general que se expresan en
las 4 "S" de la vida (civilización sustentable, soberana,
solidaria, saludable/biosegura).
En el marco de este paradigma, se
asume como meta fundamental e irrenunciable de la lucha sanitaria la denuncia y
proposición de alternativas frente a la acumulación de capital como principio
rector, de los sistemas laborales que destruyen masivamente la salud en los
espacios de trabajo, de los patrones consumistas que degradan los modos de
vivir, y para lograr el control y un
giro total de la lógica extractivista y derrochadora de la industria que
degrada también el S-N.
Se han dado cinco grandes
enfoques que van desde el extremo de un determinismo del libre albedrío individual, hasta el extremo inverso del control social
absoluto externo.
El paradigma del orden individual
(liberalismo) esgrime que los cambios provienen de individuos movilizados por
su libre albedrío que se agrupan y finalmente provocan cambios que se expresan
en lo colectivo. Desde esta perspectiva la ciencia debe reconocer las
características de los individuos, con ellas actuar desde y sobre los
individuos; y de ese modo cosechar efectos secundarios positivos en la
sociedad. Aquí lo social permanece “invisible”.
En el extremo inverso aparece el
paradigma determinista colectivo (social mecánico), para el cual el orden
social está determinado desde las instancias colectivas de las organizaciones,
operando sobre el dominio general, provocando de ese modo efectos en los grupos
y finalmente cosechando efectos en los individuos.
De ahí la necesidad de asumir una
lógica dialéctica que mantenga con vida los dos polos del movimiento de
determinación (individual y colectivo) pero entendiendo el papel de cada uno.
Un movimiento que Samaja describió acertadamente y que deja con vida los dos
polos del orden: un proceso de generación de cambio que va de lo micro
(individuo, más simple) hacia lo macro (social, más complejo); al que se opone
dialécticamente un proceso de reproducción de las condiciones generales de la
sociedad.
La determinación social va en ese
doble y opuesto movimiento, donde juegan un papel importante para el cambio
tanto la resiliencia y movilización individual que busca generar nuevas
condiciones y se expande hasta adquirir
una fuerza material colectiva; así como la resiliencia de las formas sociales
generales (lógica de acumulación, poder
político y cultura) que tienden a reproducir su esencia.
La salud no obedece a un orden
exclusivamente individual, sino que es un proceso complejo, socialmente
determinado, aspecto que muchas veces desaparece del pensamiento en la salud
pública, debido al predominio de una visión biomédica, se reduce la
problemática al estrecho límite de los trastornos o malestares individuales, su
curación y la prevención individual.
Interesa destacar el hecho de que
es imposible una política en epidemiología y salud colectiva que no reconozca
que aquellas son elementos inherentes a una prevención y promoción integrales
de la salud, así como también que éstos
pueden ser conceptos susceptibles de una manipulación funcionalista.
Entonces, la primera “S” plantea la sustentabilidad. más alta productividad
biológica en lugar de apuntar a una transformación de los territorios para que
sustenten patrones de vida dignos, creativos, soberanos, solidarios, de
relaciones armoniosas con la naturaleza y bioseguros. La clave es girar la
producción y la lógica de nuestra civilización de la visión productivista,
centrada en la producción de objetos-mercancía,
a una lógica de real no retórica preeminencia de la vida, ante lo cual
el centro es la producción de un sujeto social feliz y saludable y la
reproducción de la vida.
Soberanía (segunda “s”), no para lograr gobernanza en alimentos,
sino para alcanzar un gobierno soberano en lo agrario, que nos permita ser
autárquicos, autosuficientes y manejar nuestras propias decisiones y políticas
alimentarias.
La tercera “s” es un
pre-requisito fundamental para un vivir saludable, lo cual no sólo implica
seguridad de acceso básico a servicios y bienes de consumo, etc. abarca todas
las dimensiones de una real equidad y autarquía en un consumo razonable,
implica la justica cultural y de género, implica también al pleno a los
soportes comunitarios y gremiales, etc.
La cuarta condición de una vida
saludable y de una salud pública que pueda legítimamente reconocerse como salud
colectiva, la cual dista mucho de
aquella imagen de la planeación funcionalista que se establece mediante
indicadores como los de las metas del milenio (MDM). Vida en salud que implica
una bioseguridad integral en todos
los cincos espacios que describimos en una sección anterior
La determinación social, como una herramienta para innovar la gestión,
estamos en condiciones de esclarecer cuáles son los fundamentos de una nueva
ética de la salud. No una bioética, sino una ética integral de la salud que
implica la bioética.
La epidemiología crítica es el conjunto de condiciones, ideas y
prácticas/organizaciones que conforman un movimiento, social e históricamente
determinado, que llevan a efecto los seres humanos, sea como grupos
cohesionados alrededor de los intereses estratégicos de su inserción
estructural, filiación cultural y de género, o sea en su condición individual
junto con su núcleo familiar, para desentrañar las raíces socio-ambientales de
los problemas de salud que genera y reproduce la acumulación, para pensar sobre
éstas con un sentido critico y para actuar en una línea de emancipación
respecto a los procesos malsanos que provoca en los órdenes general, particular
y singular, en líneas de acción que signifiquen al mismo tiempo una ruptura
hacia una sociedad sustentable, soberana, solidaria y saludable/biosegura en
todos sus espacios, que hagan posible la preeminencia de procesos protectores y
soportes, colectivos, familiares e individuales, que posibiliten el predominio
de formas fisiológicas y psíquicas que sustenten una buena calidad de vida
biológica y psíquica, posibilitando una mayor longevidad, capacidad de
asimilación de noxas, potencialidad para la plena actividad física en todas las
edades, disfrute del placer y la espiritualidad.
Es lamentable que la inercia de
la reforma neoliberal de décadas anteriores y la persistencia de la cultura de
la modernidad empresarial hayan provocado un debilitamiento del pensamiento crítico
en las universidades a muchas de las cuales les han secuestrado el alma para
tornarlas propagadoras de una formación funcional y oportunista, donde la mayor
paradoja es, que disponemos del mayor acceso a la información que conoce la
historia de la humanidad pero proporcionalmente conocemos muchos menos que
antes.
Resumén: Doctorante Mayra López
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