ESPACIO, CALIDAD DE VIDA Y ADMINISTRACIÓN COLECTIVA: REFLEXIONES DESDE LA EPIDEMIOLOGÍA CRÍTICA
Jaime Breilh
El espacio y el tiempo
corresponden a esas características esenciales de lo humano, que guardan una
estrecha relación e influencia sobre dichos modos de vivir y determinan
aspectos sustanciales de la práctica de los pueblos.
Desde el punto de vista de la salud, la totalización del
mercado como vehículo de realización de los más altos índices de concentración
monopólica que registra la historia, implica la globalización epidémica y el
deterioro ecológico.
La destrucción del espacio social es múltiple y crece a pesar
de la acumulación de evidencias del peligro para la humanidad, pues la visión
utilitaria- mercantil del lucro a corto plazo justifica la supuesta urgencia
de “dominación” de la naturaleza, que
para esa concepción es perfectamente explotable, porque está formada solamente
por valores de cambio. La degradación de la naturaleza se muestra de cuerpo entero
en el deterioro ecológico masivo que opera a través de tres grandes procesos:
[1] la polución (física y simbólica);
[2] la depredación/destrucción de los soportes bióticos; y [3] la degradación
ecológica por pérdida de biodiversidad y deterioro del espacio simbólico.
MODELOS CIENTÍFICOS Y
MODELOS DE PRAXIS: PARADIGMAS HEGEMONICOS
Como el propósito es perfilar una perspectiva de acción, se
pueden sintetizar tres principales paradigmas interpretativos que han influido
los estudios sobre el espacio y la gestión: el objetivismo (realismo acrítico,
típicamente ligado a la teoría refleja del
conocimiento positivista); el subjetivismo (no realismo culturalista); y
el praxiológico participativo (realismo dialéctico) [Bhaskar 1986; Breilh
2000]. Podría decirse desde una epistemología crítica, que los dos primeros han
hegemonizado la actividad científica funcional, y el tercero ha constituido una
herramienta para el pensamiento crítico.
En los modelos científicos hay una articulación entre los
paradigmas interpretativos y la praxis, sea que esa relación esté o no
explícita.
Modelo objetivista empírico y funcionalista, asume la realidad como un elemento
que existe “puro”, “en si mismo” e independiente del sujeto; posición
ontológica que corresponde a una teoría
Un modelo teórico se caracteriza por una interpretación y
recorte del objeto (dimensión ontológica); una forma de entender la relación
objeto-sujeto (dimensión epistemológica); y una concepción de la práctica y
posicionamiento ante el poder (dimensión praxiológica).
La visión positivista al perder de vista el movimiento y
separar el espacio del tiempo, termina provocando un dualismo o desconexión de
la geografía con la historia, y de esa forma si bien puede describir los
elementos formales de un sistema, sus asociaciones estables a las que se acostumbra
a llamar causas, es
incapaz de abordar y explicar el movimiento y los procesos históricos del
territorio y la ecología [Santos 1996].
Los modelos geográficos y epidemiológicos surgidos bajo la
lente positivista terminan sumidos en el determinismo (biologicismo,
naturalismo) y en la noción empírica del causalismo; concepciones propicias
para el predominio de los enfoques cuantitativistas del conocimiento, centrados
en un causalismo lineal, que sustituyen el pensamiento por la medición y
terminan propugnando una “doctrina de la forma desprovista de vida y
movimiento” Y lo que tiene especial importancia es la interpretación de una
realidad fragmentada y la idea de que las partes de la realidad, como son la
naturaleza y la sociedad, se conectan apenas externamente por relaciones
funcionales, convierte al positivismo funcionalista en un poderoso instrumento
fetichista puesto que al moverse en el plano puramente empírico y recortar los
nexos con los procesos determinantes históricos, produce la inmediata expiación
de las raíces estructurales de tales fenómenos, sean estos geográficos, o
ecológicos, o epidemiológicos.
Las ciencias de espacio denotan la hegemonía de este primer
tipo de modelo que reaparece con distintos ropajes. Unas veces es el
determinismo geográfico natural, en otras la geografía cultural y su tesis
adaptativa de las relaciones entre una sociedad localizada y cierto medio
natural; y también aparece en la noción reduccionista del ecosistema, que sigue
separando una especie de naturaleza primaria con sus flujos económicos de
energía, sin historia humana [Santos 1996]. En todo caso es el modelo que engarza
perfectamente con el funcionalismo político que apenas busca cambiar las
formas, producir cambios puntuales en fenómenos aislados y no busca provocar
reformas que cuestionen las bases profundas de la sociedad y sus relaciones
ecológicas.
El modelo subjetivo culturalista de acción localizada, sustenta la idea de que la realidad se construye subjetivamente, y que el marco
subjetivo existe como un “a priori” para
acercarse a la realidad.
Ahora en la Era Neoliberal ha cobrado gran fuerza el
constructivismo centrado en cuestiones microsociales y se ha propalado un tipo
de ecologismo posmoderno que desconoce los procesos unificadores más generales.
Se acentúa nuevamente el énfasis de lo local, la discontinuidad y el rol
determinante de las expresiones locales de la cultura.
La Informática del
Desarrollo Humano: Vaciamiento y Hegemonía
Un instrumento decisivo de la gestión por el desarrollo
humano es la información, pero los sistemas de información convencionales
adolecen de una visión forjada en consonancia con los modelos interpretativos
que hemos descrito como hegemónicos, especialmente el objetivismo positivista,
con su tendencia a fragmentar información y trabajar con variables miradas
desde una perspectiva individual. Entonces, el desafío del avance de sistemas
de información geográfica, de bases de datos sobre la realidad ecológica y de
salud, no radica simplemente en el perfeccionamiento y sofisticación de
equipamientos y programas sino en un cambio profundo de su estructura y
contenido, así como en su democratización.
En años recientes se han implementado centenares de sistemas
y bases de información sobre calidad de vida y salud que pueden agruparse en:
aquellas que se enfocan en la evaluación de la calidad de vida de pacientes en
contextos hospitalarios y de servicios; aquellos que atienden la evaluación de
la calidad de vida ligada a la atención médica y las políticas de salud de las
instituciones; por otro lado las que evalúan la calidad de vida de poblaciones
específicas como la laboral; otras que se preocupan por la evaluación del
desarrollo y calidad de vida de poblaciones abiertas o colectividades; y
finalmente las bases de información socio-demográficas o ambientales.
UN MODELO PRAXIOLOGICO
PARA MIRAR LO GEO-ECOLOGICO DESDE LA EPIDEMIOLOGIA CRITICA Y MULTICULTURAL
La relación sujeto-objeto es dinámica y depende de la praxis
como condición inherente y no como un elemento externo. Espacio y tiempo como
categorías absolutas son abstracciones carentes de contenido propio. Desde la
perspectiva de un modelo praxiológico participativo la geografía y la ecología
no son meros reflejos de objetos de la naturaleza, del territorio o del mundo
biótico, pues el sujeto sólo puede serlo en relación con lo que conoce y las
características de la naturaleza tienen siempre elementos humano sociales.
El modelo praxiológico establece, una ruptura epistemológica
importante y necesaria para el pensamiento y la práctica en la salud colectiva.
No enfoca sólo los patrones de eventos y
sus asociaciones constantes, dejando a un lado los procesos generativos que
determinan dichos fenómenos, y de esa forma no pierde la capacidad de explicar
el carácter, favorable o negativo para la salud, de los fenómenos de la
naturaleza y de sus condiciones sociales, pues tal característica protectora o
destructiva no es un “en sí” de los fenómenos, los fenómenos ecológicos no son
“en sí mismos” destructivos o favorables para la vida, ni los procesos sociales
existen “en sí mismos” como variables “positivas” o “negativas” para la
salud.
La Salud Pública requiere metodológicamente de un metarelato
crítico que no se pretenda como un discurso matriz, y que no impida la vigencia de las distintas
visiones culturales, sino que opere como un metadiscurso que permita comprender
los procesos de la salud colectiva como totales, que ofrezca a los estudios
sobre lo simbólico una teoría social y política, y que pueda operar como un
instrumento de coordinación de una lucha emancipadora en la cual cobren vida
los discursos de los “otros” y sus articulaciones, pero no se difumine su
pertenencia social [Mclaren 1997; García
Canclini 1993].
La lógica de la descripción de la salud colectiva no puede
ser exclusivamente matemático formal, es decir cuantitativa, ni exclusivamente
atributiva y textual. Se requieren operaciones lógicas atributivas y funciones descriptivas formales
para describir la realidad de salud, es decir, buenas matemáticas y buenos
procedimientos de observación intensiva y análisis cualitativo para mirar la
realidad, no solo como fruto de la necesidad de mayor rigor académico, sino
para poder articular el discurso de la ciencia, de lo académico con los
discursos que pertenecen a otras formas de saber que tienen mucho que hacer en
la lucha por la salud. En resumidas cuentas, se requiere de un método
analógico dialéctico que no desprende sus reglas ni de la observación pura ni de ninguna facultad teórica sino de
la praxis, pues es en la producción humana donde la actividad se transforma en
los modelos con que los seres humanos se apropian del mundo y desprenden las
reglas necesarias para arrancar y desarrollar el proceso de conocimiento
[Samaja 1993].
Los puntos nodales de una gestión son la definición de la
necesidad; la definición del contenido y calidad de los procesos; y el control
de los mismos; y para todo eso se requiere de poder en sus distintas dimensiones.
El punto de partida de toda gestión es la definición del
concepto de necesidad y en concordancia con eso, la adopción de un concepto de
modelo de desarrollo humano.
Desde la Era Neoliberal el concepto de necesidad sufrió un
retroceso considerable, en lugar de ser considerada como un bien esencial no
negociable, pasó a tener un valor relativo, a discreción del mercado. Esa trasmutación dela necesidad como un
derecho humano hacia la necesidad como un valor, afecta sustancialmente la
interpretación de la “calidad de vida” pues el referente para estudiarla deja
de ser el conjunto de integral de bienes esenciales de la vida y en todos los
ámbitos de reproducción social
Desde nuestro enfoque praxiológico la construcción de la
necesidad como todo proceso humano se genera desde el orden individual o micro
(génesis) y se reproduce desde el orden social o macro (reproducción
social) [Samaja 1997]. En el orden
individual priman los procesos fenotípicos básicos es decir las (necesidades
fisiológicas y psicológicas), en otras palabras, son las personas y las
familias en su cotidianidad las que determinan los movimientos detallados del
consumo, con sus preferencias y de acuerdo a sus obstáculos (estilos posibles y
deseables de vida), pero dichos estilos (preferencias y obstáculos) no operan
en un vacío social, sino que se desarrollan en espacios sociales concretos,
enmarcados en los condicionamientos económicos, culturales y políticos (modos
de vida típicos) que en cada clase social y de acuerdo a las relaciones étnicas y de género que las caracterizan, son
factibles y probables.
Los procesos históricos del orden macro social implican la
construcción de necesidades colectivas, o la dimensión colectiva de las
necesidades que luego se mantienen como patrones de reproducción social en los
que se encuadra la necesidad individual.
Modelos emancipadores que buscan la ruptura organizada,
orgánica, con las ataduras materiales, políticas y culturales de la sociedad
capitalista. Entre estos podemos destacar las propuestas de economía popular
paralela (el autocentramiento [Schuldt 1993]; la economía popular [Coraggio
1999]); el modelo de liberación nacional
centrado en la toma del Estado y la transformación de la estructura de
propiedad y de poder político; y finalmente el que nosotros hemos llamado modelo
de emancipación humano popular
El movimiento latinoamericano de la medicina
social o salud colectiva ha generado múltiples propuestas para la
administración popular de la salud y la
dirección colectiva como formas reales de participación comunitaria.
Las relaciones sociales de inequidad generan condiciones
ecológicas destructivas de varios tipos.
Una matriz geo-ecológica regional puede ser un instrumento
importante para ubicar los procesos críticos y corepidemas.
IDEA PRINCIPAL: El espacio y el
tiempo corresponden a esas características esenciales de lo humano, que
guardan una estrecha relación e influencia sobre dichos modos de vivir y
determinan aspectos sustanciales de la práctica de los pueblos.
IDEA SECUNDARIA: la perspectiva de la epidemiología crítica, la
importancia práctica del debate sobre los modelos científicos y el desarrollo
humano, que han influido el pensamiento en los campos de la geografía y la
ecología, asunto por demás importante para la ciencia epidemiológica.
APORTES DEL AUTOR: la
lógica de la descripción de la salud colectiva no puede ser exclusivamente
matemático formal, es decir cuantitativa, ni exclusivamente atributiva y
textual. Se requieren operaciones lógicas atributivas y funciones descriptivas formales para
describir la realidad de salud, es decir, buenas matemáticas y buenos
procedimientos de observación intensiva y análisis cualitativo para mirar la
realidad, no solo como fruto de la necesidad de mayor rigor académico, sino
para poder articular el discurso de la ciencia, de lo académico con los
discursos que pertenecen a otras formas de saber que tienen mucho que hacer en
la lucha por la salud.
El reto de crear una naturaleza
humanizada, no como certeza de un imperativo de progreso inevitable, sino como
la posibilidad de que el talento popular, el saber colectivo y el conocimiento
científico, mediante jornadas de
emancipación real, encuentren un camino distinto a la barbarie capitalista que
ya destruyó buena parte de nuestro planeta.
MAPA CONCEPTUAL: En los modelos científicos hay una
articulación entre los paradigmas interpretativos y la praxis, sea que esa
relación esté o no explícita.
Un modelo teórico se
caracteriza por una interpretación y recorte del objeto (dimensión ontológica);
una forma de entender la relación objeto-sujeto (dimensión epistemológica); y
una concepción de la práctica y posicionamiento ante el poder (dimensión
praxiológica).
El espacio es un producto
material, pues los seres humanos socialmente organizados dan al espacio sus
formas, funciones, significados y relaciones [Castells]
El medio geográfico es un
conjunto dinámico de procesos (condiciones) naturales transformadas
históricamente, ubicadas y localizadas, es el entorno o soporte natural
humanizado e históricamente construido [Santos
1985].
El medio ecológico es el
conjunto de procesos y relaciones históricamente construidos de una especie con
su entorno orgánico e inorgánico.
NOVEDAD CIENTIFICA: se
requiere de un método analógico dialéctico que no desprende sus reglas ni de la
observación pura ni de ninguna facultad
teórica sino de la praxis, pues es en la producción humana donde la actividad
se transforma en los modelos con que los seres humanos se apropian del mundo y
desprenden las reglas necesarias para arrancar y desarrollar el proceso de conocimiento
[Samaja 1993].
CRITICA A LA LECTURA: Las ciencias de espacio denotan la hegemonía de este primer tipo de
modelo que reaparece con distintos ropajes. Unas veces es el determinismo
geográfico natural, en otras la geografía cultural y su tesis adaptativa de las
relaciones entre una sociedad localizada y cierto medio natural; y también
aparece en la noción reduccionista del ecosistema, que sigue separando una
especie de naturaleza primaria con sus flujos económicos de energía, sin
historia humana
Los sistemas de información desde esta perspectiva humana y
democrática, sólo pueden construirse incorporando a las colectividades bajo
procesos participativos y de proyección emancipadora, que no forman parte de
las preocupaciones de muchas instituciones de salud, mucho más preocupadas en
sofisticar sus equipos y programas electrónicos, aunque estos sean
perfectamente funcionales al poder.
En todo caso es el modelo que engarza perfectamente con el
funcionalismo político que apenas busca cambiar las formas, producir cambios
puntuales en fenómenos aislados y no busca provocar reformas que cuestionen las
bases profundas de la sociedad y sus relaciones ecológicas.
PROPUESTA DEL AUTOR: La Salud Pública requiere metodológicamente de un metarelato crítico que
no se pretenda como un discurso matriz, y que
no impida la vigencia de las distintas visiones culturales, sino que
opere como un metadiscurso que permita comprender los procesos de la salud
colectiva como totales, que ofrezca a los estudios sobre lo simbólico una
teoría social y política, y que pueda operar como un instrumento de
coordinación de una lucha emancipadora en la cual cobren vida los discursos de
los “otros” y sus articulaciones, pero no se difumine su pertenencia social
APORTE PERSONAL: la necesidad para un ecosistema sustentable; y cuando
nos referimos a la noción de sustentabilidad, estamos aludiendo a la máxima
equidad y humanización posibles para asegurar la plena seguridad humana de las
generaciones actuales y futuras. La necesidad y la seguridad humana de la cual
forma parte una ecología segura, no pueden ser negociables, ni sujetas a
criterios de restricción y minimización que dependan de la concentración de
recursos o conveniencia de ninguna élite, ni social, ni de género ni étnica.
Un paradigma de la salud pública
debe establecer con nitidez el profundo sentido social y humano del espacio.
Resumén: Doctorante: Mayra López
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