LA SOCIEDAD, EL DEBATE DE LA MODERNIDAD Y LA NUEVA EPIDEMIOLOGIA
Jaime
Breilh
Es urgente construir un proyecto
humano de sociedad, y el trabajo de muchas generaciones de epidemiólogos es una
fuente acumulada de conocimientos y sabiduría por la vida. Trabajar por una
tierra más humana, donde el bien común fructificara en la salud.
El movimiento de la salud
colectiva es un eslabón importante de un proyecto de emancipación humana
profunda, un movimiento de propuesta alternativa.
El desafío de una tarea participativa
de nuestras organizaciones, y construir con autarquía nuestros propios sentidos
e identidades.
Es verdad que nuestras mentes
están abiertas a lo más progresista y útil que puedan ofrecernos otras
culturas, pero no como hipoteca de lo propio, ni peor aún como forma de aceptar
con docilidad el proyecto regresivo que los ideólogos del capitalismo tardío
tienen previsto para la salud en América Latina.
Metas solidarias y de equidad
para un nuevo sistema de salud, para sembrar antídotos contra el gran proyecto
de los poderosos y visión diferente de la ciencia.
En una disciplina científica como
la Epidemiología, las técnicas de apoyo que provienen de otras ciencias como
las Matemáticas, la Biología Molecular y otras de menor visibilidad, no son las
que modifican, per se , el paradigma contrahegemónico; lo que si puede ocurrir
es que algunas de éstas, puedan ser utilizadas como señuelo de una estrategia
para remozar la hegemonía del pensamiento dominante.
Desde la época de los aportes
precursores de Thomás Kuhn o John Bernal y con más ra- zón en años más
recientes, en ensayos como los de Bachelard, Foucault, Vieira Pin- to, Cohen,
Kédrov-Spirkin, Rose, Moreno, Zavaleta, y otros- varias revelaciones que han
marcado el análisis epistemológico
La Epidemiología adquirirá su
mayoría de edad cuando sus avances teóricos e innovaciones tecnológicas sean
parte sustantiva de la construcción de un mundo humano desarrollado, que es
mucho más que la idea del mundo desarrollado que nos venden las estadísticas
oficiales; es decir un mundo solidario donde el poder del conocimiento sea
parte de un poder colectivo y democrático.
Lo otro, es decir una ciencia que
se ubica al amparo del poder de las élites, al servicio de su misma lógica,
aunque esté revestida de recursos y haya recibido la bendición oficial, aunque
ornamente su discurso con palabras bonitas, como “equidad”, “ciudadanía” y
“participación”, no seguirá siendo sino otro engranaje del mismo poder y un
instrumento para el logro de gobernabilidad y relegitimación en época de desmantelamiento
del “welfare state”.
Se trata por consiguiente de
repensar a la Epidemiología desde la perspectiva de la ética de la
responsabilidad humana
El antropólogo Gould desenmascaraba
las falsas medidas psicométricas de la psicología hegemónica en horas de debate
ideológico sobre la naturaleza de esa disciplina, nos recordaba que “..los hechos
no son fragmentos de información puros e impolutos; la cultura influye en lo
que;
La entrada a la era global del
capitalismo acarrea consecuencias definitivas para la vida en la Tierra.
Lo que
pudo haber sido una globalización saludable que complementara la riqueza humana
de un planeta diverso y permitiera mundializar nuevas bases tecnológicas para
la consolidación solidaria de los pueblos del mundo, ha devenido, por obra y
gracia del más profundo y estructural egoísmo, en una totalización del mercado
como vehículo del dominio de grandes oligopolios.
Es una gran operación de control
del poder por la concentración privada de los productos del trabajo y del
ingenio humano
El empobrecimiento masivo y
ahonda- miento de la inequidad del capitalismo global no se han hecho esperar
también en los países ex-socialistas del Europa del Este que conforman lo que
dio en llamarse el segundo mundo.
La Epidemiología descubre un
verdadero sistema de inequidad y desventajas de la salud. Y es que el mejor
legado del capitalismo tardío para la población latinoamericana ha sido el
desplome masivo de la calidad de vida.
La historia de la salud humana ha
sido profundamente influida por los procesos de apropiación de riquezas y
concentración de poder porque éstos han determinado las formas de vida y el
acceso diferente de los grupos a los bienes, saberes, acciones y servicios de
los que depende la vida.
Cuando la historia humana
abandonó la etapa colectivista en la que se producía y distribuía según la
necesidad, para entrar de lleno en los diferentes períodos del productivismo y
apropiación privada, en los que la necesidad fue desplazada a un segundo plano,
y se inició un largo camino de lucha por el control privado de la producción, es
que fue derrotada la posibilidad de una plena salud colectiva.
La potencialidad del pensamiento
moderno que sustentó el crecimiento de la burguesía, pero a la vez sus errores
que, como el eurocentrismo y el reduccionismo de la ciencia y la razón, fueron
criticados, por Rousseau, Marx, Nietzsche, Weber y la Escuela de Frankfurt, en
distintas épocas y desde diferentes enfoques filosóficos.
La crítica a la modernidad no
comienza con los pensadores post- modernos. Por el contrario, los cuestionamientos
más agudos de la modernidad fueron previos a esta corriente neoconservadora.
Marx desnudó con su
crítica demoledora a la modernidad burguesa, sus aspectos negativos, la explotación
y alienación de los seres humanos, y fundamentó un proyecto distinto basado en
la organización colectivista y solidaria, buscando empujar a fondo el proyecto
moderno.
Nietzsche en su combate al
racionalismo colocó el instinto y la intuición como fundamentos y sostuvo que
el “insaciable afán de poder o el empleo del poder, la utilización del poder
como instinto creador” era la fuerza motriz de la naturaleza y la sociedad
Sócrates, pasando por
Descartes, Spinoza, los Ilustrados Franceses y Hegel, caen en sus afiladas
críticas al racionalismo. Su radical cuestionamiento del sistema
judeo-cristiano de valores y a las ideologías de masas, como moralidad de
esclavos o de una chusma de débiles, y su ideal del sobrehumano o superhombre,
como ser individual, seguro, dominante e independiente, fue su manera de
entender la emancipación hacia la recreación de va- lores superiores por una
“raza de señores” que se reactiva cíclicamente en un proceso de eterno retorno;
de esa manera rechazó la razón como fundamento, pero sin negar el proyecto
ilustrado en forma absoluta sino que depositó su confianza en la creación de lo
que definió como un “hombre nuevo”.
Weber centró su crítica en
el poder moderno de la razón y en el hecho de que una racionalización
progresiva conduce a un aprisionamiento en la “jaula de hierro” de una
racionalidad administrativa inhumana y cosificada, una racionalidad formal enajenada
conforme a fines; un orden que pue- de trascenderse según él hacía algo mejor,
pero a condición de asumir un sentido transformador que tendría potencial emancipatorio,
si se erradican algunas ilusiones: como la naturaleza buena del ser humano; la
pureza de las vanguardias; el papel necesariamente transformador de las
colectividades, el carácter necesariamente igualitario de las economías
colectivistas
Horkheimer de la Escuela
de Francfort, precisamente, cuestionaron la razón instrumental que impulsa una
dominación tecnológica en las relaciones entre los hombres, y ofrecieron un
proyecto alternativo de emancipación. En el caso de Adorno, su tesis de un
antisistema filosófico al que denominó “dialéctica negativa” -en evidente
paralelismo con la crítica que el arte, y la música particularmente, hacen a la
teoría tradicional, que sólo enseña la construcción de frases pero no el
proceso mismo de su desarrollo-, expone la necesidad de emanciparse de dominio
de las categorías y conceptos, trabajar con la trama del pensamiento no con las
tesis que lo pretenden reflejar, es la negatividad de la dialéctica que abre
las posibilidades de un pensamiento abierto y emancipado de la omnipotencia de
los conceptos40. Jürgen Habermas su discípulo, desde una perspectiva diferente,
desarrolló su teoría de la razón, centrada en la crítica a esa racionalidad de
la eficiencia, de la dominación persistente y del cálculo estratégico, que prima
en las sociedades industriales de Occidente; y sostuvo como vía de emancipación
la acción comunicativa, el lenguaje orientado al entendimiento y el consenso
democrático que se sostienen en un “mundo de la vida”.
Para la ideología postmoderna no
se trata de trascender los proyectos de la modernidad, superando sus
limitaciones o cambiando su fundamentación, sino que se trata de plantear la
carencia de todo fundamento y la renuncia a cualquier proyecto total de transformación
de la realidad.
Es indispensable emprender el
desarrollo de una Epidemiología Crítica, que genere formas alternativas de
investigación y monitoreo de la salud, que elabore una compresión diferente de
la prevención, de sus escenarios y componentes, de tal manera que compitan con
la sustancia elitista y la concentración del poder en el Estado y la sociedad.
Los avances de las ciencias
administrativas aplicadas a la salud y las nuevas teorías sobre la gestión -y
la gerencia como una de sus herramientas-, han determinado la creciente necesidad
de discutir las articulaciones entre la Epidemiología y la Gerencia.
Con los elementos de la gerencia
se está construyendo una contratendencia en las ciencias de la gestión. La
gerencia de calidad total seduce en países como los nuestros, cuyos sistemas
estatales han sido el sumum de la ineficacia y la corrupción.
El paradigma de una gerencia
neoconservadora influye también la gestión epidemiológica de otra manera.
La Epidemiología Crítica asume el
principio de determinación y evita las distorsiones del indeterminismo y de determinismo.
El indeterminismo sostiene que en los eventos humanos, los precedentes no
determinan los subsecuentes. El determinismo supone que cualquier tipo de
evento proviene directamente de una causa y que, dada la causa aceptada el
evento deriva invariablemente; niega por tanto los elementos de la probabilidad
o contingencia (determinismo biológico, determinismo histórico - historicismo,
determinismo económico - economicismo -, etc.).
La Epidemiología Crítica asume el
principio de determinación como una herramienta poderosa para la comprensión de
la génesis de los procesos, porque se refiere al modo de devenir o forma (acto
o proceso) en que un objeto adquiere sus propiedades, incorporando el
ingrediente esencial de productividad y conjuntando las características de
contingencia y regularidad al mismo tiempo. La determinación no tiene por que
verse limitada a realizarse tan sólo mediante variaciones cuantitativas
(determinismo mecanicista); ni tiene por qué producirse tan sólo por compulsión
externa (determinismo causal); ni tampoco tiene porqué ser unívoca o bien
definida (determinismo causal y mecanicista).
Algunas reflexiones hacia una
Epidemiología de la Esperanza; una Epidemiología de la Dignidad; una
Epidemiología abierta y expresamente puesta al servicio solidario de las
máximas aspiraciones de vida que sean factibles con la riqueza de nuestros
pueblos; una Epidemiología en la que converjan los saberes, las resistencias,
las luchas, las imaginaciones, los corazones, puestos a vibrar por un mundo
humano, donde fructifiquen las diversidades y se des- aten los nudos de la
triple inequidad que nos agobia: la social, la de género y la étnica.
Gramsci comprendió que la dominación
no es fruto solamente de la fuerza material que posee una clase –y nosotros diríamos
o un grupo de género, o étnico- sino de la capacidad que ésta tiene de captar
intereses que van más allá de sus estrechos límites y de ese modo ejercer un
liderazgo moral e intelectual, realizando compromisos con una variedad de
aliados que se unen en un bloque.
Al respecto de este último
pensamiento cabe aclarar que esos espacios democráticos donde se ejerza
contrahegemonía y se proyecte la emancipación, no van a existir si trabajamos
con los mismos conceptos epidemiológicos y de gestión que se reproducen en
buena parte del “establishment” académico y en los núcleos técnicos funcionales.
Tendrán que ser conquistados con mucho trabajo científico, con una considerable
creatividad técnica y con lazos estrechos con las instancias democráticas del
Estado y la “sociedad civil de los pobres” como la llama el sociólogo
ecuatoriano Francisco Hidalgo.
No se puede confundir el objeto
de estudio de la epidemiología que es siempre social, y que tiene, diferentes
dimensiones de análisis, con una técnica de apoyo; No se trata de que los
análisis moleculares y genéticos inauguren una supuesta epidemiología
molecular, se trata más bien de que la epidemiología crítica adquiere nuevos
instrumentos para penetrar en la realidad, proyectar su cuestionamiento de los
procesos productivos y respaldar tesis de reivindicación jurídica, por ejemplo,
para la defensa de la vida. Con trazadores genéticos y todo, la lógica de la
epidemiología crítica prevalece y su proyección colectiva no es sustituida por
una visión factorialista ni biologicista.
Es bueno que el talento de muchos
epidemiólogos latinoamericanos se proyecte hacia herramientas nuevas como la
biología molecular, o la geometría fractal, o los sistemas de modelamiento
matemático, pero no para sustituir, desintegrar o distraer a la Epidemiología
de su esencia social ni de su proyección histórica colectiva, sino para
fortalecer el acervo de sus técnicas de apoyo.
El criterio para reconocer una
ciencia como dura (“hard science”) es, su eficacia (respuesta y penetración)
para participar en la construcción de un mundo humano (equidad y bien común);
para lograr avances teóricos en correspondencia con lo anterior; para aportar
en la construcción de poder democrático en la gestión. Y eso claro está,
implica capacitación de alto nivel e infraestructura, pero no se reduce a la
consecusión de éstos recursos. Implica además un alto nivel de integración de
saberes y, finalmente, implica una dosis de voluntad solidaria y esperanza.
La humanización de la vida, es el
eje de una ciencia epidemiológica ligada a la contrahegemonía y conscientemente
dirigida a las principales instancias de la reproducción social; es decir, la
humanización del trabajo; la humanización del consumo y de la vida familiar –lo
que Naomar Almeida denomina “epidemiología del modo de vida”-; creación de
formas solidarias de organización y formas democráticas de poder; la creación
de patrones culturales y de subjetividad emancipadoras; y la construcción de
relaciones ecológicas saludables
Epidemiología debe acoplar sus
conceptos, método, técnicas de apoyo, vínculos con otros saberes y
articulaciones con un bloque estratégico, para cumplir cuatro pape- les
fundamentales que son: el ser testigo acusador de los procesos destructivos
para la vida que se dan en la sociedad; ser una herramienta de monitoreo
crítico de la calidad de vida y la salud; ser un instrumento de empoderamiento
(“empowerment”) de la población en su movimiento hacia la con- quista de equidad
social, étnica y de género; ser un arma de planeación estratégica y
participativa.
La unidad y diversidad del objeto
epidemiológico puede comprenderse mejor con la categoría reproducción social,
la cual puede ser enfocada como re- curso teórico para entender el proceso de
determinación epidemiológica
IDEA PRINCIPAL: Es urgente construir un proyecto humano de
sociedad, y el trabajo de muchas generaciones de epidemiólogos que es una
fuente acumulada de conocimientos y sabiduría por la vida. Trabajar por una
tierra más humana, donde el bien común fructificara en la salud.
APORTES DEL AUTOR: El desafío primordial de quienes trabajamos
junto a nuestros pueblos por un mundo más humano y de equidad.
Los aportes epidemiológicos se
ubican en una de las siguientes dimensiones: • análisis crítico epistemológico
de categorías nodales como “causalidad”, “determinación”, “riesgo”,
“exposición”; • discusión y aporte sobre metodología general; • análisis sobre
las formas de práctica.
MAPA CONCEPTUAL: emancipación: la liberación respecto a toda
forma de atadura, opresión o restricción
Reformismo es el cambio de
formas del Estado
El indeterminismo sostiene
que en los eventos humanos, los precedentes no determinan los subsecuentes.
La hegemonía es creada y
se reproduce dentro de una red de instituciones, relaciones sociales e ideas
La contrahegemonía se corresponde a la estructuración de un bloque de clases y
grupos sociales democrático, anti- monopólico y antineoliberal.
NOVEDAD CIENTIFICA: El movimiento de la salud colectiva es un
eslabón importante de un proyecto de emancipación humana profunda, es un
movimiento de propuesta alternativa
Epidemiología debe acoplar sus
conceptos, método, técnicas de apoyo, vínculos con otros saberes y
articulaciones con un bloque estratégico, para cumplir cuatro pape- les
fundamentales que son: el ser testigo acusador de los procesos destructivos
para la vida que se dan en la sociedad; ser una herramienta de monitoreo
crítico de la calidad de vida y la salud; ser un instrumento de empoderamiento
(“empowerment”) de la población en su movimiento hacia la con- quista de equidad
social, étnica y de género; ser un arma de planeación estratégica y
participativa.
Redoblar el primigenio propósito
de forjar una Epidemiología Crítica, donde se unifiquen lo académico y lo
popular en un solo movimiento, una epidemiología con la que se puedan identificar
tanto los profesores progresistas como los compañeros sin tierra, como las
colectividades urbanas, los opera- rios de la manufactura, las mujeres, los ne-
gros e indios, los ecologistas y, en fin, todos los que trabajan por una
sociedad donde adquiera primacía el bien común.
PROPUESTA DEL AUTOR: El desafío de una tarea participativa de
nuestras organizaciones, y construir con autarquía nuestros propios sentidos e
identidades
Emprender el desarrollo de una
Epidemiología Crítica, que genere formas alternativas de investigación y
monitoreo de la salud, que elabore una compresión diferente de la prevención,
de sus escenarios y componentes, de tal manera que compitan con la sustancia
elitista y la concentración del poder en el Estado y la sociedad.
Algunas reflexiones hacia una
Epidemiología de la Esperanza; una Epidemiología de la Dignidad; una
Epidemiología abierta y expresamente puesta al servicio solidario de las
máximas aspiraciones de vida que sean factibles con la riqueza de nuestros
pueblos; una Epidemiología en la que converjan los saberes, las resistencias,
las luchas, las imaginaciones, los corazones, puestos a vibrar por un mundo
humano, donde fructifiquen las diversidades y se des- aten los nudos de la
triple inequidad que nos agobia: la social, la de género y la étnica.
La Epidemiología con su arsenal
para la defensa y promoción de la vida puede integrarse a los sueños y
realizaciones de la gen- te, traducirlos en su propio discurso y concretarlos
en sus programas de acción.
El criterio para reconocer una
ciencia como dura (“hard science”) es, su eficacia (respuesta y penetración)
para participar en la construcción de un mundo humano (equidad y bien común);
para lograr avances teóricos en correspondencia con lo anterior; para aportar
en la construcción de poder democrático en la gestión. Y eso claro está,
implica capacitación de alto nivel e infraestructura, pero no se reduce a la
consecusión de éstos recursos. Implica además un alto nivel de integración de
saberes y, finalmente, implica una dosis de voluntad solidaria y esperanza.
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